Poemas III

Ha terminado el año que parecía no ir a terminar nunca, pero no sé si el nuevo  trae mejor cara. Por lo menos, para empezar me ha traído un par de poemas nuevos. Los seres humanos no somos razón pura, y anoche mi cabeza ha decidido autónomamente hacia dónde mirar. Al pasado, al futura, a un no-tiempo, cualquiera sabe.

El elefante en busca del cementerio

Eres un elefante
en busca de su cementerio.
Vayamos despacio,
recorramos el camino hacia atrás, paso a paso,
como en un partida de ajedrez que vuelve a jugarse en la cabeza.
¿Dónde está el cementerio?
Repites uno a uno los movimientos pero
no logras llegar al jaque mate.
Eres un elefante y no sabes cuál es
el camino para morir.
¿Cómo se mueve el elefante
en el tablero de ajedrez?
Te pierdes en pos de tu sombra
y no puedes abandonar el cadáver en cualquier parte.
Existe un lugar para cada pieza,
también para las muertas.
Recorramos el camino hacia atrás,
pensemos por un momento.
¿Se condena a seguir vivo
un elefante que se pierde moribundo
si de su memoria de elefante
se ha borrado el camino al cementerio?
¿Existen multas para quien muere
fuera de lugar y tiempo?
Pues recorrer hacia atrás el camino a la muerte
no significa nacer de nuevo.
Y tú eres un elefante
en busca de su cementerio.

 

Lluvia en tu infancia

De nuevo llueve en tu infancia
y aún no has arreglado las goteras.
La canica o las tabas, elige qué perder de vista,
no has hecho tú las reglas del juego.
Aunque el cielo se empeñe en llorar el océano permanecerá salado,
la marea no te atrapará más rápido
aunque en tu infancia
llueva de nuevo.
Lanza la canica,
tapa una gotera,
¿a dónde se han ido las tabas?
De nuevo llueve en tu infancia
y las reglas no estaban escritas en la arena.

 

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