En el laberinto del ombliguismo

Hace algunos días encontré en el portal libertario Oaca, bajo el título “El mito del veganismo”, un ejemplo muy claro de la penosa situación que vivimos hoy en día. No se trataba de un texto nuevo, sino de 2013, pero las cosas no habrán cambiado demasiado desde entonces, si no es a peor. Se me ha ocurrido llamar a ese fenómeno el laberinto del ombliguismo.

El artículo sacaba toda la artillería contra el veganismo, para dejar en evidencia las contradicciones y deficiencia ideológica de esa corriente, no de una manera muy amistosa precisamente. La declaración de intenciones se manifestaba ya desde su inicio: <<Este pequeño texto no cuestionará la irracionalidad de las ideas y valores de la filosofía vegana. En esta ocasión demostraremos que el veganismo es un mito en la Sociedad Tecnoindustrial y cómo es un estorbo para entender y actuar por la verdadera Liberación Animal.>>. De modo que, demostrar su irracionalidad, quedaba para otra ocasión, y en el pie de página dejaba claro que englobaba en tal veganismo a todas sus vertientes, desde el veganismo burgués al anarcoveganismo, para que no quedara duda alguna.

No soy vegano, a menudo le he dado vueltas a la teoría vegana y, cuanto más pienso en ella, menos me convence, pero debo decir que admiro la autodisciplina que suelen tener mis amistades veganas, ya que hay que confesar que en la sociedad actual, más aún si vives en una gran metrópoli, deben hacerse milagros para poder cumplir las normas que se han autoimpuesto. Lo hacen con entera libertad y fe, así que, tienen todo mi respeto, mientras no quieran imponerme a mí también la misma forma de pensar y de comportarse.

No voy a entrar en los argumentos que maneja el artículo en contra del veganismo, coincido con algunos de ellos, y son algunas de las razones que tengo para no ser vegano. Por el contrario, una de las fuentes de preocupación es el tono cada vez más extendido que existe entre anarquistas. Cada vez parecemos más predicadores de sub-sectas dentro de una secta, cada cual en posesión de su verdad revelada, convirtiendo a las otras sub-sectas en el principal enemigo. La verdad, es mucho más simple moverse en el terreno de las verdades reveladas, tomar por enemigos a otros pequeños grupos insignificantes y utilizar las energías en fustigarlos a ellos, que buscar vías para conjuntamente emprender algo para destruir el sistema.

Pero el delirio del texto alcanza su cima en el último párrafo: <<Todo esto, solo engañará y tranquilizará de alguna manera su consciencia, pero en realidad no hará nada por intentar atacar a la domesticación y explotación sistemática del reino animal. Ni mucho menos hará nada en contra de la domesticación, devastación y artificialización sistemática de la Naturaleza Salvaje. Frente al irracional fraude que resulta la teoría y la práctica vegana, nosotros hemos decidido: renunciar al consumo innecesario, reutilizar los materiales ya producidos y dejar de depender del Sistema Tecnológico, desarrollando nuestra propia forma de vida autosuficiente, lejos de los valores de la jaula civilizada y lo más cerca de nuestra Libertad Individual y la Naturaleza Salvaje>>. Es decir, les veganes engañan a su propia conciencia cuando creen que dejando de consumir productos de origen animal hacen algo en favor de los animales, y así tan solo consiguen tranquilizarse a sí mismes. Estes acérrimes enemigues de la tecnología en poder de la verdad y de la verdadera práctica, en cambio, no se engañan a sí mismes cuando realizan tan apasionada declaración en un ordenador y lo difunden por Internet. No, elles han renunciado al Sistema Tecnológico, y por eso mismo, sus mensajes naturales nos llegan a través del sonido lejanos de los tam-tams. Son autosuficientes, y viven lejos de la jaula civilizada, cuando renuncian al consumo innecesario. Atención, es muy importante ese “innecesario”, ya que da la oportunidad de justificar todo lo que necesites tomar del Sistema Tecnológico y de la jaula civilizada, puesto que nada de lo que elles consumen es innecesario. Además, reutilizan materiales ya producidos. Es decir, son totalmente autónomes, tan solo necesitan que el Sistema Tecnológico y la jaula civilizada produzcan los productos que elles necesitan, para que luego, cuando les preses de ese sistema y de esa jaula decidan tirar a la basura esos productos, elles, totalmente autosuficientes, los obtengan y los reutilicen. Así viven “lo más cerca” de la naturaleza salvaje, Tampoco ese “lo más cerca” está ahí gratuitamente, ya que da la opción de no alejarse tanto de la “jaula civilizada”, justito “lo más” lejos. Pero claro, que puede esperarse cuando los principales mantras que subyacen en esa teoría son viejos mitos, como el de la “libertad individual” y la “naturaleza salvaje”. Tales mitos nos llegan desde el Iluminismo, y el individualismo es el valor principal de la fase actual del Capitalismo. Cada cual no es más que una criatura de su tiempo. Tal vez no se les ha ocurrido que a través de la libertad individual y de la naturaleza salvaje, es decir, sin sociedad, el ser humano no existe. Que el ser humano, desde el mismo instante que está en el útero, vive en sociedad. Que todo ser humano, y principalmente quienes tienen ideas ilustradas, así como estes enemigues de la tecnología, desarrolla las ideas que desarrolla gracias a la sociedad y la “civilización”. Que el lenguaje, la ideología -tal como el anarquismo y las teorías anti tecnoindustriales-, la propia capacidad de criticar a la sociedad, toda producción humana, solamente pueden desarrollarse en comunidad, fuera de la naturaleza salvaje. Que los seres humanos tienen la opción de extender sus ideas a través de Internet gracias a que hemos domesticado la naturaleza salvaje más próxima a nosotres. Sólo faltaba el mito ilustrado del ser humano salvaje.

Pero lo más preocupante es que ese texto no es más que un ejemplo de un estilo fuertemente instalado actualmente. Creo que la crítica, tanto la que nos realizamos mutuamente como la que nos realizamos a nosotres mismes, siempre es enriquecedora y necesaria. Pero entre las corrientes anarquistas -también en otras ideologías, pero ésas no me preocupan tanto- se ha convertido en costumbre, en lugar de discutir amistosamente las falencias que se ven en otras líneas o que otras líneas ven en la propia, tomar la propia como la única acertada y coherente. El gueto dentro del gueto, cada cual en el laberinto de su ombligo. Y así, le ponemos las cosas muy fáciles al sistema, con total autocomplacencia.

Está claro que el veganismo tiene contradicciones, está claro que entre quienes han escrito ese texto existen enormes incongruencias, tengo claro que entre mis ideas y mis prácticas también existen contradicciones no menores. Por eso mismo, al menos por mi parte, prefiero que les anarquistas -y toda aquella persona que sin ser anarquista quiera dar la vuelta realmente a esta sociedad- se dediquen a algo, experimenten, se equivoquen, sigan la senda que les marque su inteligencia, corrijan su camino, lo emprendan de nuevo…, antes de que permanezcan sin hacer nada. Y en esas cosas que realicen, puedo ver aquellas que en mi opinión son adecuadas o erróneas, también manifestarlo, si creo que mis críticas valdrán para algo. Y escucharé en esas cosas que yo haga aquello que otres crean correcto o equivocado, y me darán la opción de reflexionar y tal vez mejorar. Porque mis ideas no son una fe, no son una nueva religión, no son ideas acabadas, carentes de errores. Porque mi mente es limitada, no comprendo todo, y sobre todo no tengo capacidad de hacer ni un tercio de lo que quisiera tal y como lo desearía. Y porque estoy convencido de que quienes investigan y viven otras vías no son más tontes que yo, también elles han decidido después de largas reflexiones que en su vida limitada es eso lo que pueden hacer, o al menos una opción válida, de todas las que pueden llevar a cabo.

Por eso mismo, no tendría nada en contra de las ideas y las prácticas que mantienen les autores de ese artículo, seguramente también elles han llegado a asumirlas tras largas reflexiones y, como resulta obvio, creen que son las mejores y más coherentes del mundo. No son sus ideas y prácticas las que quiero poner sobre la mesa, sino el tono del artículo, porque como con frecuencia (nos) sucede, las piedras que lanzamos fácilmente se pueden volver contra nuestro tejado. No es lo mismo criticar unas ideas o prácticas, pongamos, en este caso, las de les veganes o les enemigues del sistema tecnoindustrial, en el convencimiento de que las personas criticadas pueden tomar nuestras opiniones e insertarlas en sus propias reflexiones, que atacar a quienes no siguen nuestro camino, cayendo en las mismas contradicciones que criticamos. Un camino construye puentes, el otro tan solo trincheras. Algo en lo que, por desgracia, gente que aprecio incurre frecuentemente en el estilo con que expresa sus ideas; seguramente yo mismo también.

De todos modos, creo, y desearía que así fuera, que esas corrientes y esas retóricas que tanto se han extendido en el anarquismo son una moda de nuestros tiempos, un síntoma pasajero del individualismo sistémico. Les anarquistas nacemos, crecemos, nos formamos y vivimos en sociedad, y el deseo de muches de nosotres, al menos, es vivir algún día en otro modelo de sociedad. Y esa sociedad con la que soñamos también tendrá contradicciones, siempre tendrá qué corregir, y no amaremos igual a todas las personas con las que convivamos en nuestro barrio, la mayoría no pensará como cada une de nosotres, no tendrá en su vida las mismas intenciones ni sueños, no seremos clones mutuos…, pero deberemos conformar la sociedad con todes elles, porque todes elles son humanos reales, y porque la meta del anarquismo siempre ha sido crear una sociedad en la que entren todos los seres humanos, no menospreciar a todes les que no han llegado a nuestro “nivel de conciencia” y vivir solamente con quienes han alcanzado la “verdad”.

Mientras tanto, cada cual buscará sus hierbas medicinales, sus autojustificaciones, para pensar que la única vía es la propia, para construir una nueva religión en torno a sus ideas, dueñe únique de la verdad.. Y es que es mucho más fácil ver las contradicciones ajenas y por tales contradicciones sentirse superior al resto en este modelo de sociedad individualista que nos hace sentir insignificantes.

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