Las púas del erizo

Soy un erizo pero,
lo que son las cosas,
la naturaleza me puso las púas hacia adentro.
Hacia afuera, en cambio,
mi piel es bien fina,
frágil,
cualquier soplo de viento la rasga,
una capa insignificante que no merece ni llamarse cuero.
Así tengo miedo,
incapaz del menor movimiento imprevisto,
incapaz de respirar demasiado profundo,
incapaz de amar demasiado,
incapaz de inflamar mis pensamientos,
no sea que sin querer me crezcan
las esperanzas, los deseos, los sueños
y tal y como crecen,
se perforen,
revienten,
se vacíen,
dejando un agujero mayor aún,
ahí en medio,
negro,
vacío,
rodeado de púas.
Soy un erizo,
agradecido,
pues mis púas no pueden
herir a nadie
en un descuido.
Temeroso del viento afuera,
conteniendo el aliento adentro.

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