Inventé un yo

Inventé un yo,

perfecto,

a la medida de mis deseos,

vestido de los dones que aprendí que eran buenos,

y el yo que no inventé

tomó como trabajo de toda su vida

tomar al yo inventado y, mentira por mentira

desnudarlo,

destruirlo,

desmentirlo.

Inventé que amaba el amor,

que sabía amar.

Inventé

que amaba a las personas que debía amar.

Me creí

que sabía amar,

que amaba a las personas que debía amar.

Inventé un amor a mi medida,

a la medida de las personas que debía amar.

Me gustaba el amor, sí,

amor, la palabra misma,

el significado que inventamos a la palabra,

convencido de que la palabra tiene el significado que le inventamos.

Interiorizado que amaba ese significado.

Era ése un amor a la medida del yo que inventé.

Y el propio amor tomó como trabajo de toda su vida

tomar su significado

y amante por amante

desnudarlo,

destruirlo,

desmentirlo.

Inventé un yo,

que para vivir no necesitaba más que amor.

Y ahora busco el significado del amor

si es que he de acertar

cómo debe vivir el yo.

Tendré que inventar un yo nuevo

en el instante

que encuentre un significado nuevo al amor.

O aceptar el fracaso,

dejar de inventar yos,

ser el yo que no inventé,

ser el único yo que soy,

y dejar al amor libre

para que busque su significado,

pues el amor sólo sabe ser libre,

como el yo que no inventé.

Les concederé toda su vida para que se tomen y

se desnuden,

se destruyan,

se desmientan.

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