Poemas II

Otro pequeño manojo. Ecos que vienen del pasado (¡mañana se cumplirán 24 años desde que escribí el primero!), sí, pero los momentos en que los escribí bien grabados en la memoria, salvo el correspondiente a un poema perdido que he encontrado como a un fantasma desaparecido. No es fácil traducir todo a castellano, y esto es un torpe intento de acercarme a lo que intenté escribir en euskera.

Urbanizándonos
Tocan las campanas,
se las tocan,
sin descanso;
o tal vez no es más que mi mente
la que anda en ello.
Aguja que se clava en el cielo,
la cruz del campanario;
abriendo venas,
robando mentes.
Y la muchacha que allá mira
sonríe,
siente la vida dentro de su falda.
Sonríe al ver la ciudad:
el campanario, sonidos de piedra…,
porque las piedras están en las mentes
cuando los autobuses blancos ennegrecen,
cuando el vino se transforma en combustible;
bramidos de hierro,
únicos ciudadanos a la caza;
ojos de tríclopes
que nadie ve,
abriéndose de uno en uno;
casas,
ventanas,
paredes que debemos creer blancas
insultando al mundo.
La muchacha sonríe
al contemplar
la última explosión de la ciudad.
Con toda razón;
al ahogarse las campanas
su juicio se pierde contagiado.
(18-5-1995)

Al criado alegre
Mira, el arco iris,
mira tanto como quieras;
escondida tras él no verás
la sangre;
sangre que es verdad de bandera,
sangre que brota del prado.
¿Por qué no abres los ojos,
si buscas caricias de carne?
¿O ha cubierto tu alma,
dejada el hacha y tomada la hoz,
la sombra del verdugo?
El martillo no es la verdad,
aunque te golpee y rompa la cabeza.
Pajarillo caído del nido,
tu corazón está hambriento.
Apaga los volcanes obscenos
de autocompasión y ciénaga,
con miles de océanos de canto y llanto.

O tal vez todo sea en vano y he de callar,
para que te ates en tu vacío.
(19-5-1995)

Llevado por el instinto
Hoy quiero ser
estrella que solo los niños ven;
tener en mi mano
las sombras de almas
en busca del olor rojo de la luz.
¿Por qué en este mundo
no mando yo?
para romper las balanzas que miden corazones;
para liberar los vuelos ebrios de las mariposas;
para pinchar las ruedas de viento amarillo.
Sería una buena autoridad;
guiaría el alma desgraciada del Universo
al deseo carnal;
en el mercado de los ombligos desnudos
cada día estará a la venta
el cuerpo de la autoridad.
Buena y olvidada autoridad,
por el bien de todos los súbditos,
para descanso de las hormigas ciegas.
Autoridad,
incapaz
siquiera de ser su propia soberana.
(25-5-1995)

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